No me faltaba saber qué hacer. Me faltaba ponerle nombre.
Desde el inicio supe que quería estudiar Letras, pero mis padres no querían que lo hiciera. Para complacerlos probé medicina y psicología; ninguna era para mí, y no quería pasar diez años estudiando algo que no me apasionaba.
Terminé en Comunicación y Letras, y no solo porque me gustaran las letras, sino porque le puse nombre a lo que ya sentía: la creatividad crítica. Entendí que mi carrera no me preparaba solo para escribir ni para analizar textos, sino para lo que más amo: llevar la creatividad a resultados comerciales. Ahí encontré mi camino: las ventas y la creatividad.
Mi primer paso fue buscar un mentor. No fue fácil: me llevó años encontrar a alguien bueno, que tuviera lo que yo necesitaba. Con el tiempo fundé mi agencia y sumé otros proyectos, no porque me sobre el tiempo, sino porque amo lo que hago.
Desde 2019 doy clases y veo a diario a jóvenes en el punto donde yo estuve. Por eso existe ¿Y ahora qué?: para que no tengan que tardar años en encontrar a quien los acompañe.